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Sombras

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Desde el balcón observo que los cables de alta tensión se estremecian. Su piso en el 3° A, le permitía observar a la altura de sus ojos esos cables, aunque a una distancia inalcanzable a la extensión de sus brazos.  Sebastian, dentro de las pocas cosas que últimamente le parecían placidas, gustaba sentarse en ese sitio de su casa.En penumbras, luego de las tareas del dia, observaba silencioso, a veces con una copa de vino en la mano, el movimiento de esta zona alejada del centro de la ciudad. Y, por fuerza arquitectónica,  contaba con los cables de alta tensión a su vista. A primera vista. Desde la tv, a un volumen claramente audible aunque él no prestara atención, transmitían los funerales del presidente venezolano Hugo Chávez. De tanto en tanto, las imagenes de las exequias eran interrumpidas por flashes de noticias sobre el otro gran suceso que conmovio las emisoras del mundo y de latinoamerica en especial: la designacion del argentino Jorge Bergoglio como Francisco I. A...

Barro (2011)

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Barro en los pies. Barro y humedad de pisar a trancos cortos el extenso sendero. Nadie puede en este mundo decir que eso es una vereda urbana. Bueno, sí alguien: doña Blanca, que se enoja cada vez que alguien pisa sus correspondientes 8,56 metros de lote porque según decía : - arruinan la vereda, no ven que llovió hace unos días!. Con lo cual buena parte del año, entre lluvia y lluvia, según su sermón, no debían “pisar su vereda” hasta que seque. Ni hablar de los pastizales, la zanja con agua estanca y el lodazal de la “calle” por donde ni un carro botellero se animaba a aventurarse. A cualquier parte que fuese algún habitante del barrio, el barro en el calzado era una marca de su procedencia y a veces, origen, y a la vez que la vergüenza de sus portadores, la mirada reprobatoria con aire de condena social y moral del observador: la directora de la primaria N° 756, una vieja miserable que a la que se llenaban los ojos de lágrimas solo cuando miraba atentamente el monto de la...

Límites I (2011)

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El cambio de dirección de la lluvia. De oblicuo bobo y sin ganas a perpendicular intenso en el borde de un alero de chapas, en la casa del frente. Nadia pensaba en eso, desnuda sobre la alfombra, en cuclillas al borde de la ventana balcón. En el recorrido de las gotas y en la difusa presencia de la luz de mercurio. En este anochecer inmóvil, furiosamente denso de otoño en que las luminarias de la calle y sus reflejos le dan a esa parva de bolsas de residuos olvidada el claroscuro que la convierte en  una “instalación” urbana. Apaga el cigarrillo en el cenicero que tiene apoyado en la alfombra -entre las piernas-. - No sé por qué estoy acá con vos. Mira a Pedro que, también desnudo, duerme sobre el colchón. -No sé por qué te digo que no sé por qué estoy acá si ni siquiera despierto estas. Y con la mueca de ironía silenciosa y autoestimulante,  dada la circunstancia, vuelve a observar la lluvia. Se sintió más grave que compleja. Mucho más grave que ser comp...

La dictadura militar o la dialéctica de los arrolladítos de matambre y queso. * (2006) La memoria de ese niño.

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No sé cuál es exactamente la consigna del trabajo planteado. Sé perfectamente si, que alguno de los compañeros aquí presentes sabrá reseñar y explicar con justeza la tristemente célebre “tablita” que puede resumirse en la formula elaborada por  Adolfo Canitrot en 1978: π d  >  π x    +  ë La tablita, fue parte de la lógica de acumulación y endeudamiento externo de los últimos treinta y pico de años, que junto a la formidable fuga de capitales signaron el desarrollo económico del país. Como se detalla en varios trabajos si bien las medidas de política económica fueron tomadas entre el 1977/9 (apertura económica; liberalización financiera) las consecuencias más drásticas del proceso de eclosión económico no fueron percibidas hasta el principio de la década del 80. Con cierta anterioridad cronológica – pero no estratégica - (1975 por ejemplo y el Operativo Independencia) se debió de modificar, junto a la política económica para disciplinar las fuer...

4:30 a.m.

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Manuel estiró el brazo hasta alcanzar el reloj despertador. Sara miró hacia la luz del semáforo y vio que estaba rojo. Con su mano derecha tanteo en el bolsillo de su campera buscando el paquete de Philips Morris. Andrés prepara café, revuelve con monotonía - lento pero seguro- mientras se apoya en la pared de la oficina de "Control de Personal" de González Rodríguez &Cía. Black se rasca con su pata trasera las pulgas en el alero trasero de la casa de "doña María", mientras la luz de la sirena de una lancha de "la bonaerense" en silencio trajina los pozos de tierra de la calle. "doña María" sueña con que "su" Alberto retorna del cementerio. Sueño recurrente e inútil, desde hace años. Sara prende el último cigarrillo del paquete mientras enfila, ya con luz verde al kiosco de Godoy Cruz y Santa Fé, de ahí el 57 o el tren hasta su casa, la piecita del fondo de alquila junto a Andrés en casa de doña María. Luego de vestir...

Letras viejas IV

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entre dientes aceptan jugar a quien no miente. Se lima  una manzana  por el costado que más gusta.  y así, prefieren jugar sin las fichas, y esperar la mano   ¿Es mío el ancho? ¿o falta ensueño? va cayendo de a poco el telón y llueve el beso mas dulce y el mas despiadado,  es justamente el del final. Quizás algo termina, cuando crees que va a empezar dg (1998)

Letras viejas III (2002)

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Tres sopapos, al menos hasta que perdió la cuenta, hasta que se encontró hundido en el remolino. Tres cachetadas. Fuera de sí, creyó ver: una vieja, dos mamarrachos de traje y corbata, un mendigo, una pareja de nuevos hippies, sin paz. Algún paraguas, varios teléfonos celulares y hasta un perro que harto de su dueño empezó a ladrar.  Él mismo, recordaba haber tirado algunas trompadas, afilar su lengua y lastimar cada vez que pudo. Dentro de la pelea, atraído por ella, gambeteándola si suerte. Con la suficiente cantidad de heridas creyó retirarse, o ser despedido de la rabia que mantenía en movimiento el torbellino. Cuando abrió la puerta  la noche cubría cómplice la huida, frente al espejo estudió los magullones, frente al espejo se convido un vaso de tinto berreta.  Se acostó entre sabanas sudadas, mugrientas, lejos de la asepsia que su estado reclamaba. La luz del televisor fue la amante que acarició sus llagas p...